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Capitalizar los esfuerzos

Adalberto Mársico: la experiencia en sus presidencias y la situación del campo y el productor en un contexto internacional favorable

Soy productor local y en la actualidad me dedico especialmente a la lechería. Formo parte de AACREA. Hace 27 años comencé a ser parte de la comisión directiva de la Sociedad Rural, invitado por Guillermo Caset y Mario Arata. Desde adentro, también convoqué a varios jóvenes como Andrés Egli, Luciano Arata entre otros, para que se integraran a la institución.

 

Durante mi primera presidencia, el destino quiso que fuera testigo de un hecho relevante para nuestra entidad, el de recibir a un Presidente de la Nación en la inauguración de la Exposición Rural realizada en nuestra ciudad. Fue en el año 1990, durante la presidencia del Dr. Carlos Menem.

 

Asimismo formé parte de CARBAP, como secretario y vicepresidente, y de CRA, siendo delegado al consejo directivo y vicepresidente. Siempre hubo miembros de la comisión directiva de nuestra Rural que participaron en CARBAP y en CRA. El aporte de Lobos a ambas instituciones, a lo largo del tiempo, es constante y con un fuerte compromiso. En este sentido tengo que recordar a Santiago Caset, quien ejerció diversos cargos con una gran dedicación y responsabilidad.

 

Valoro de la Sociedad Rural de Lobos el orden, manejo, prolijidad y la alta rotación de productores que integran la comisión directiva y que desempeñan diferentes cargos. Esto le otorga una dinámica de personas e ideas. Resulta necesario destacar que estas particularidades no se reproducen en todas las sociedades rurales de nuestra provincia.

 

Un hecho a destacar en la comisión actual: si había algo que faltaba y logró, es el nacimiento del Ateneo Juvenil. Desde este organismo se empieza a trabajar con tiempo en el futuro. 

 

Análisis de la situación del campo a lo largo de los años

 

Siendo integrante de CARBAP y de CRA me tocó estar en contacto directo con las decisiones de los gobiernos de turno en relación a la política agropecuaria. En la década del 90 había un trabajo en conjunto entre el gobierno y el campo para salir al mundo y abrir nuevos destinos para las exportaciones de origen agropecuario. Los productores tomamos a nuestro cargo la vacunación contra la fiebre aftosa en todo el país, con el objeto de mejorar el status sanitario para poder ampliar los mercados de nuestras carnes. Comenzamos también a diseñar un sistema de trazabilidad. Creamos el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna. Comenzamos a realizar los protocolos para segregar trigo por calidad y, de esa forma, poder acceder a precios diferenciales de este producto en el exterior y planificábamos algo similar para el maíz. Era una época signada por el proteccionismo de los países del hemisferio Norte que se traducía en bajos precios de los comodities (la soja cotizaba a u$s 120/tn).

 

En este periodo, apareció la convertibilidad, que primero permitió parar la inflación, tener tasas accesibles de financiamiento de créditos y tecnificar al agro, conduciéndolo a un gran salto productivo. En la segunda etapa de esa administración el dólar fijo; la pérdida de competitividad y los bajos precios, provocaron una situación muy difícil de sostener.

 

Luego de la crisis del 2001, con el inicio del mandato del Dr. Kirchner, había llegado el momento de capitalizar los esfuerzos realizados. El país había abandonado la convertibilidad y tenía un tipo de cambio que alentaba las exportaciones. Lentamente aparecía la demanda asiática con China como principal protagonista, elevando los precios de los productos de origen agropecuario.

 

Pero ocurrió lo que nunca hubiéramos supuesto: la irracionalidad de cerrar las exportaciones y dejar de lado al mercado internacional, incluyendo al principal comprador de trigo, nuestro socio del Mercosur, Brasil, con quien teníamos un acuerdo arancelario preferencial. En definitiva, no sólo se puso al campo al límite sino también al consumidor. La fórmula de producir menos lo único que provoca es que aumenten los precios en las góndolas. La canasta de los argentinos y los precios cuidados sean un disfraz.

 

Mientras Argentina se aislaba del mundo, países limítrofes como Uruguay, Paraguay, Bolivia, Brasil y Chile ponían en práctica políticas agropecuarias de manera constante, mediante las cuales acrecentaron las exportaciones y se posicionaban en el mundo.

 

Ser productor en Argentina

 

Ser productor agropecuario en nuestro país es algo complejo, ya que a los vaivenes propios de la economía debe sumar los eventos climáticos extremos. Nos alienta la vocación de producir alimentos y trabajar la tierra. Pareciera que el productor cuando todo marcha bien se calla, en cambio, al aparecer problemas le solicita al estado medidas especiales.

 

¿Qué es lo que pasa de fondo? Vale la pena aclarar que en Argentina el agro tiene una carga impositiva muy alta, sin precedentes en el mundo; que en algunas producciones supera el 50% de los ingresos.

 

Hoy, uno de los problemas son las retenciones, hace unos años eran los tipos de cambios diferenciales. Cuando la situación viene mal no hay resto para responder, no porque el productor no lo genere sino porque el Estado se apropió de sus recursos.

 

   
"Tener renta en todo el territorio significa generar empleo, consumo en cada localidad y un derrame de las ganancias en todo el comercio del interior."
 

 

Siempre se escucha la frase “ustedes siempre quejándose”. Lo que estamos reclamando es, ni más ni menos, lo que nos corresponde. Los países agropecuarios entienden que la producción es federal. Por lo tanto, tener renta en todo el territorio significa generar empleo, consumo en cada localidad y un derrame de los recursos en todo el comercio del interior.

 

Como consecuencia de las equivocadas políticas de estado y al degaste diario que estas generan, hay una gran parte de los jóvenes que emigran hacia otras actividades. No sería así si hubiera condiciones razonables.

 

La tarea del productor

 

En estos períodos el productor tiene que poner el acento en participar, involucrarse y apoyar a las instituciones, ya que una parte de la resolución del negocio es generar políticas macro adecuadas.

 

El tiempo pasa, las autoridades también y nosotros tenemos la esperanza de volver a recuperar el diálogo. Es un problema del país. Debemos sentarnos en la mesa de trabajo y devolver al campo el lugar que debe ocupar. Generador de empleo y divisas genuinas para nuestro país.

 

Pienso que esta realidad se puede revertir en no mucho tiempo; con una política adecuada. Tenemos la suerte que la demanda del sudeste asiático va a seguir siendo alta. De esta manera Argentina, rápidamente, puede volver a incorporarse al mercado internacional. Si el dólar es competitivo y se abren las exportaciones, se evidenciarían las mejoras. Se parte de un error creyendo que los precios internacionales arrastran a los internos. Al contrario, en muchos casos, los subsidian.

 
 
 
 
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