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El futuro debe estar enfocado en la pasión

Javier Macchi: marcado por el gusto heredado hacia la actividad agropecuaria, los deseos de un gremialismo que represente las ideas del campo y la necesidad de reforzar las pasiones

Desde 1882, mi familia está en la esquina de 9 de Julio y Rivadavia, en Lobos. Primero, con una fábrica de carros y, más tarde, con una ferretería. En 1942, fallecido mi abuelo, un tío ganó la lotería y con ese dinero hizo el nuevo edificio de la ferretería.

 

Por parte de mi mamá tengo la veta agropecuaria, ya que mi abuelo y mi tío siempre se dedicaron a esta actividad (Miguel Lamarche, además de ser mi tío, es miembro de la Comisión Directiva de la Sociedad Rural de Lobos). En cambio, por el lado de mi papá, calculo que hubiese colgado una pala en la pared para venderla. No soy una persona de estar esperando, detrás de un mostrador, para que me vengan a comprar algo. Todas las actividades comerciales que emprendí siempre fueron al aire libre.

 

Pasé por distintos trabajos: manejar un lavadero de ropa, ser empleado en CIPA (Centro Integral de Producción Agropecuaria), en donde nos dedicábamos a la venta de ordeñadoras y todo tipo de insumos para tambos. También estuve dos años en Estados Unidos con el polo. Cuando volví, en octubre de 1992, vine a trabajar con Rubén, mi suegro. Ahí fue cuando empecé a dedicarme a la actividad agropecuaria, sobre todo a la avícola, que es la que realizo actualmente. Además, un tiempo me dediqué a alquilar campos.

 

Los vaivenes de nuestra economía provocan que abandones un trabajo que no es redituable económicamente, para dedicarte a otro que sí. Eso sí, todas las explotaciones agropecuarias las realizo con pasión, porque es lo que me gusta.

 

La llegada a la entidad

 

Llegué a la Sociedad Rural de Lobos por invitación de Paco Arata, del cual soy amigo desde la infancia. Vivía frente a la ferretería, donde estaba el Banco Edificadora. A las cinco de la tarde iba a su casa, tomábamos la merienda, mirábamos “El Zorro” y me quedaba hasta la diez de la noche.

 

Como me gusta todo lo que hago relacionado con el agro, también quiero que haya un sindicalismo verdadero. Somos muy individualistas. Quizás se encuentre un grupo de gente con convicciones, pero es un granito de arena en toda una sociedad. Los dirigentes que tenemos no reflejan las ideas del campo. Puede que te represente alguien que no piensa como uno.

 

La actividad avícola y su realidad

 

El 85% de la producción avícola del país se hace por integración. Es un sistema que consiste en que el productor se encarga de toda la parte edilicia y la mano de obra, mientras que la empresa provee los animales, alimentos, medicamentos y asesoramiento veterinario.

 

Desde hace un año y medio se formó la Asociación de Integradores Avícolas. El objetivo de esta asociación es que los productores fijen el precio del producto, sin que sea determinado exclusivamente por la empresa avícola.

 

En esta actividad, como en varias relacionadas con el campo, la carga impositiva es mayor a la ganancia. Si una granja tiene menos de 60.000 pollos, tiene que ser trabajada por la familia para que subsista. En cambio, si es mayor la cantidad de aves, pueden licuarse gastos.

 


 

Vivir en las comunidades rurales

 

Soy un ferviente defensor de las comunidades rurales. Europa puede seguir manteniendo sus pequeñas ciudades, no crecer en volúmenes de aglomeraciones inmanejables, caracterizadas por problemáticas relacionadas con la basura, agua, cloacas y tránsito. A nivel local, habría mayor cantidad de pobladores en las zonas rurales si tuviesen un buen acceso y se brindara una perspectiva de crecimiento que genere diferentes emprendimientos.

 

Hay un factor de relevada importancia para el campo: muchas personas están por fuera de nuestra realidad. La tarea de la Sociedad Rural de Lobos, como institución, es acercarlos. Lleva mucho tiempo generar una relación de reciprocidad y, para alcanzar este objetivo, necesitamos salir y mostrar nuestra situación.

 

La falta de pasión en la juventud

 

Los chicos salen del jardín motivados para comenzar la primaria. Pero ahí comienzan los problemas. En Argentina, el nivel primario es un desastre. Sería aconsejable que los docentes (y los planes de estudio) los vayan guiando en sus gustos y cualidades. Esto permitiría que cada joven, cuando llegue a la secundaria, estudie lo que le gusta, sin que haya una pérdida de tiempo que redunde en una menor pasión.

 

Los chicos están faltos de motivación y el problema surge cuando la familia no tiene recursos. Entonces, no pueden perdurar el tiempo necesario en un empleo, para alcanzar mejores objetivos en dicho trabajo.

 

Cada persona se interesa por sus beneficios individuales, sin ser responsable y sin considerar a los demás. Así, es difícil que como país podamos generar un proyecto serio y de largo plazo.

 
 
 
 
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