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Lo posible siempre se logra

Jorge Etcheverry: ingeniero agrónomo, expresidente de la Sociedad Rural de Lobos. Perfil de un productor, dirigente e intendente electo que desea un Lobos con la participación de toda la comunidad

 

Nací en Lobos y viví toda mi niñez en Elvira. Tenía alrededor de tres años cuando nos mudamos a una casa de material. Recuerdo que anteriormente vivía en un rancho de adobe y piso de tierra. Para mí es un orgullo, crecí con valores. Las personas valían por lo que eran y no por lo que tenían. El dinero es consecuencia del trabajo y no un objetivo.

Papá era de Elvira y mamá era de Ernestina, partido de 25 de Mayo. Se casaron y se quedaron viviendo en el campo.

 

Nunca me faltó nada de lo imprescindible. Menos la carne y el pan, todo lo demás se producía y elaboraba en mi casa. Además, vendíamos parte de la producción. De chico, recuerdo entrar a una habitación y que esté llena de frascos de durazno al natural, dulces, conservas, jamón, bondiolas.
Teníamos una quinta chica para el consumo diario y otra más grande, donde se cosechaba papa, maní, batata, sandía, melón, zapallito. Cada vez que estábamos en casa, teníamos que trabajar.

 

Los cimientos de su educación

 

Para mis padres lo esencial era la educación. Mi hermano y yo estudiamos en un colegio de monjas en Ernestina, porque era un problema trasladarnos todos los días a la escuela. Hicieron mucho esfuerzo para que estudiemos, teníamos cinco kilómetros desde el campo hasta Elvira y siete más a Ernestina. Una vez por semana se turnaban los padres y llevaban a los chicos. Un tiempo mi padre estuvo enfermo, así que esos cinco kilómetros los hacíamos en bicicleta. No me olvido más esta anécdota. Un día salimos y había mucho viento, entonces nos tiraba la bici para atrás. Le dije a mi hermano que volviésemos y le digamos a papá que nos lleve en la camioneta. Llegamos a la tranquera, papá estaba parado y nos preguntó qué pasaba. Le respondí que había mucho viento y volaba tierra. Entonces con vos firme nos dijo: “que no me vaya a enterar que llegaron tarde”. Fue la vez que más temprano llegamos (ríe). Me quedó como enseñanza, “lo que es posible, se puede”.

 

El último año de la escuela — tenía doce años — viajaba todos los días a Ernestina y volvía al campo porque tenía que trabajar. Después rendí examen para ingresar a un colegio salesiano en Del Valle (también pertenece a 25 de Mayo). Cuando me iba a inscribir en tercer año, mi hermano debía ingresar a la institución.

 

Como a papá no le alcanzaba para pagarnos a los dos, el cura se lo llevó a parte para hablar personalmente y le dijo que pagara sólo uno. De esa forma, pudimos estudiar ambos.
Cursé seis años y me recibí de Técnico Agropecuario. Durante esos años me quedaba y venía sólo los fines de semana largo.

 

De chico ya sabía que iba a estudiar Ingeniero Agrónomo. Amo la producción y el campo. Tengo la bendición de hacer lo que me gusta y que me paguen por ello.

 

Fui a la Universidad de Azul, porque papá me pidió que no vaya a ninguna ciudad grande. Mi padre me dijo que empezara y que íbamos a ver hasta dónde podíamos llegar. Tuve la suerte de que en mi familia nadie se enfermó (no teníamos obra social), ni hubo ningún problema. Entre 1985 y 1986 se puso difícil. Así que pinté casas, vendí pulóveres y miel (cada vez que venía a casa, me llevaba miel y la envasaba en frascos más chicos) y fui mozo.
Siempre quedó en mi mente una frase de mi padre: “podés llegar a ser lo que quieras, pero nunca te olvides de ser buena persona”.

 

La pasión profesional, la administración

 

Me recibí y empecé a trabajar en una multinacional y luego en otra. Cuando obtuve un ascenso importante, decidí dedicarme al asesoramiento y la administración.

 

Todos los lunes me levantaba a las cinco de la mañana y viajaba a Buenos Aires. Sucedió que un lunes no me levanté y mamá puso el grito en el cielo: “a vos te queda el dinero que a nosotros, a veces, no nos queda en un año”. Papá dijo que yo era grande y podía hacer lo que quisiera.

 

De a poco empecé trabajando gratis. Luego cobraba a la cosecha. Era una época difícil, al ingeniero agrónomo no se lo tenía en consideración. Sólo trabajaba en ventas o agronomías. Siempre estuve convencido que era mi oportunidad: soltero, sin hijos, podía caerme y levantarme las veces que quisiera.

 

En un momento fui docente en un colegio de Pedernales y en la Escuela Secundaria Agraria de Antonio Carboni. Con el tiempo debí abandonar la docencia porque mi actividad privada no me lo permitía.

 

En 1993 me fui a vivir a Salvador María y nació mi primer hijo. Estuve tres años viviendo allí porque el dueño del campo tenía la casa desocupada y me la prestó. Alternaba mucho entre Salvador María y Elvira. Desde que empecé a trabajar, siempre viajé y estoy acostumbrado a hacerlo. Después me fui a vivir a Pedernales. En 1995 empecé a trabajar en el exterior.

 

Entre tanto, me dedicaba a la producción. Ya había comenzado en 1986, con siete hectáreas. Papá me facilitó un tractor de cincuenta caballos y los insumos para sembrar.
En realidad, estudié agronomía por la ganadería y por la administración. Es mi pasión. Era más difícil iniciarse con la ganadería. Por un tema de financiación es más fácil la agricultura.

 

Con el paso de los años fui sumando hectáreas. Cuando me recibí trabajaba entre quince y veinte hectáreas. Después, se recibió mi hermano de Licenciado en Mecanización Agrícola y decidió quedarse en el campo. Siempre trabajé afuera, así que aportaba el capital para crecer. Nos fuimos agrandando. En el 2007 teníamos varios empleados. Luego, con la situación del país y de la producción agrícola ganadera, nos fuimos achicando hasta llegar a este año, que me tocó subirme a las máquinas para sembrar y cosechar.

 

La llegada a la institución

 

Un tiempo corto participé en la Sociedad de Fomento de Elvira. Desde joven me dediqué a trabajar. Era socio de la Sociedad Rural de Lobos, pero no participaba activamente y era crítico de la entidad. Diez años atrás me habían llamado para integrar la Comisión Directiva, pero respondí que solo no iba.

 

En el año 2008, en pleno conflicto del campo con el gobierno, estábamos cenando con papá y me dijo que él había cometido dos grandes errores. El primero fue enseñarnos que la política es sucia y que no debíamos ser parte de ella. El segundo, no haber participado ni él, ni la generaciones anterior y posterior. “Cada vez que vos dejás un lugar, lo ocupa otro”, esta frase me hizo un “click”. También me daba cuenta que no servía sólo que me vaya bien a mí. Una persona debe ser partícipe de los cambios. No mirar desde la vereda de enfrente. Debe tener un compromiso moral.

 

En ese momento, salía a la ruta como productor autoconvocado y recorría la provincia. Me llamó“Paco” Arata para integrar la Comisión Directiva y volví a responder que en soledad no iba.

 

Creo que en la vida se dan oportunidades y hay que aprovecharlas. Cinco productores comenzamos a ser parte de la Sociedad Rural de Lobos. A fines de 2009 me propusieron ser presidente y conté con el apoyo explícito de todos los miembros de la institución. En realidad, mi deseo era que Marcelo Cardoner sea el presidente. Por ese motivo, cuando acepté ser presidente de la Rural, propuse a Marcelo como vice. Fue una excelente experiencia, donde debatíamos y llegábamos a los acuerdos antes de ir a votación.

El acercamiento a la política

 

Soy un convencido de que los cambios provienen desde adentro, siendo parte de una organización gremial o política. Tengo una profunda vocación de servicio y la experiencia en la Rural contribuyó a que se manifieste. Se necesita del compromiso de la sociedad en su conjunto.

 

Siendo partícipe de la Sociedad Rural de Lobos recibí, de parte de una persona allegada a Elisa Carrió, una invitación para ser diputado nacional. Estuve tres meses trabajando en la iniciativa y fue una experiencia provechosa. Ahí me di cuenta que podía seguir en política. Cuando se dio esta oportunidad, no dudé en continuar.

 

Por mi trabajo privado es normal que todo el tiempo esté mostrando qué se hace con el dinero. La premisa fundamental en política es que los recursos que administramos son de toda la comunidad. Por lo tanto hay que ser transparentes, idóneos y capaces.

 


 
 
 
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